lunes, 16 de noviembre de 2009

Nunca fuiste tan perfecta, a excepción de tus defectos.

-Una idiotez de ese calibre no debería ser impedimento para usted, Señorita Perfección- dijo con aire de suficiencia mientras se relamía el caramelo de los labios.
Obviamente, su falta de modales era notoria para cualquiera. Ser de la alta sociedad no implica solo el dinero y el título, sino un adecuado comportamiento con tus iguales. Por descontado, a ella le fallaban todos esos factores, pero engatusar al alcalde la fue suficiente como para escalar puestos a enormes zancadas. Sentada a su lado se encontraba Diana, junto con su madre, la señora Batiers y sus dos inaguantables primas. Frente a Diana estaba sentada una muchacha menuda y muy rubia, Eloise, que llevaba el pelo peinado con unos enormes tirabuzones. Meria, la querida del alcalde, la estaba criticando precisamente a ella mientras cogía una galleta pringosa y se la llevaba a la boca con sus largos dedos huesudos. Eloise sugetaba la taza de porcelana china con sus delicadas manos mientras aceptaba las criticas con la mirada baja.
Diana se levantó indignada, al no poder aguantar más la insoportable voz de Meria y dejó la habitación excusandose con un gesto de la cabeza. Todas las presentes quedaron perplejas y su madre, con las mejillas un tanto sonrojadas, la defendió alegando su mal estado de salud. Eloise la siguió disculpandose de la misma manera. Como ya suponía, la encontró sentada en el pequeño banquito junto a la habitación de música y se acomodó a su lado.
-Meria es inaguantable- se atrevió a decir.
Diana volvió el rostro y la sonrió.
-Tenía ganas de verte a solas, Elie.
-Y yo a ti Di- la acarició la cara con suavidad y su preciosa piel palída se sonrojó un poquito.
Eloise acercó poco a poco el rostro hacia el de ella y depositó un suave beso en sus labios.
-Me encanta todo esto.
-Y a mi. Te quiero Diana.
-Yo también a ti. Pero, ¿y si nos descubren?
-Siempre podríamos decir que estabamos... ¿jugando?
Ambas se rieron a carcajadas. Sabían que todo aquello era muchisimo más que un juego. Se abrazaron, con cuidado de no arrugar sus elegantes vestidos y vivieron el momento intentando no pensar en lo que les deparaba el futuro.

2 comentarios:

Adrián dijo...

Que bonitooooo!!! ^.^

Dara Scully dijo...

Soy yo y le hago tragar la galleta por las malas.


miau
con
zapatos
rojos

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