viernes, 11 de junio de 2010

Tremendamente dulce.

Hacía un tiempo asqueroso para ser Junio. Charcos por todas partes. Y mi paraguas en casa. Bien. Miré alrededor para cruzar la calle. Me tocaba comprar el pan. Así podría llevarles unos bollos a mis abuelos. Entré en la panadería. Un hombre mayor situado detrás del mostrador sonrió al verme entrar.
-¡Oh, pero mira quién está aquí! Pero mi niña, que preciosa estás. ¡Y cuanto has crecido! Me acuerdo de cuando venías con tu abuelito a comprar la merienda. ¡Así eras, así!- Puso la mano a medio metro del suelo- Y ahora mirate, toda una mujer. ¿Los estudios bien?
-Si, muy bien gracias- Le devolví la sonrisa con ganas. Ese señor siempre me había caido bien. Era amable con todo el mundo y cuando era pequeña, me regalaba chicles.
-Bueno, bonita. ¿Qué quieres que te ponga hoy?
-Pues, una barra, una bolsa de croisants pequeñitos y una palmerita de chocolate.
El panadero se agachó y empezó a recopilar lo que había pedido en una bolsa de plastico. Miró a ambos lados y, sacando la cabeza de debajo de la encimera gritó:
-¡Jaime, sacame una caja de croisants!
Medio minuto después, un chico alto, de espalda ancha y moreno salía de la trastienda con una enorme caja de bollos. Llevaba puesta una sudadera gris y unos vaqueros descoloridos.
-¿Te acuerdas de Jaime? Soliais jugar juntos en el parque de aquí al lado.
-No, no me acuerdo.- Le pegué todo un repaso de arriba a abajo.- No me acuerdo.
Me sonrió timidamente y volvió a meterse. Mientras su padre me preparaba las cosas me giré para elegir algunas gominolas. Llené un platito entero de fresas, mis favoritas. Las puse sobre el mostrador y sonreí. Vi como Jaime volvia a meterse dentro, después de cuchichear con su padre.
-Pues aquí lo tienes todo, preciosa.- Le di lo que le debía.- Muchas gracias.
-Una cosa... ¿podría darle esto a su hijo de mi parte?-Saqué uno de mis cuadernos y escribí mi direccion de email y mi móvil en un trozo de papel.
-Claro, claro.- Vi como ocultaba una sonrisa.
-Muchísimas gracias por todo.
-Igualmente.
Salí de la tienda. Corrí hacia mi casa, sin remedio. Me empapé en el trayecto. Abrí la puerta y entré. Me quité toda la ropa mojada y en ropa interior fui a la cocina. Abrí la bolsa y cogí las gominolas. Al sacarlas se cayó un papel amarillo. Lo recogí y lo leí. Un número de telefono y un nombre: "Jaime". Sonreí. De repente sonó mi móvil. Un mensaje.

1 comentarios:

Ninfa Poética dijo...

jaime? se tenia q llamar jaime? xD

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